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El Arte de Educar a Nuestros Hijos

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El Arte de Educar a Nuestros HijosLa tarea de la educación es delicada porque supone, a la vez, amor y desprendimiento, dulzura y firmeza, paciencia y decisión.

¿Cuántos libros se han escrito sobre cómo educar a los hijos? ¿Cuántas veces los padres, llenos de entusiasmo y esperanza, compran este o aquel libro con el deseo de educar mejor o de atacar algún problema específico que les preocupa en la actitud de alguno de sus hijos?

 

Al leer... ¡se ve tan fácil!

Los libros contienen a veces infinidad de consejos que parecen mágicos, con diálogos imaginados y reacciones casi perfectas de los hijos ante las iniciativas de los padres.

Si tan sólo fuera así en la vida diaria...

Sin embargo, la realidad es otra. Cuando los papás intentan poner en práctica algunos de esos consejos que acaban de leer y no salen como ellos esperaban piensan: "¿Qué sucede? ¿Dónde está el error, si hice exactamente lo que el libro decía?".

Resulta que, como dice Fernando Corominas en "Educar Hoy": "Educar es una ciencia y un arte, un arte porque no hay reglas fijas y cada caso es diferente, cada circunstancia es única ya que las personas somos irrepetibles".

Entonces... ¿Qué pueden hacer los padres cuando se sienten desorientados y afligidos? A veces quisieran darse por vencidos o descargar la responsabilidad en un tercero (profesor, abuelos, sicólogos, etc.).

Pero en el fondo, los padres saben que es responsabilidad suya dar a sus hijos las herramientas y respuestas que vayan necesitando. Son los papás quienes deben enseñarles el sentido de la vida y capacitarlos para vivirla.

¿Estamos forzados a aprender sobre la marcha?

Hay mucha gente empeñada en ser excelente papá o mamá.

Para lograrlo hay que prepararse.

Nadie nace sabiendo, la verdad es que se aprende sobre la marcha y, por desgracia, cometiendo errores.

Sin embargo, esa etapa ya está superada porque ahora si hay formas de educarse para saber ser padres: conferencias, buenos libros, cursos, licenciaturas y hasta post grados en temas de familia. En esta labor de educar a los hijos, las buenas intenciones no bastan, hay que leer, asistir a clases, hablar con otros padres de familia, pedir consejo y más.

También se aprende recordando cómo se comportaron los padres de uno, pero hoy en día, el mundo es tan diferente al de ellos, que esta enseñanza muchas veces es insuficiente.

Es un trabajo de equipo

Parece obvio, pero muchas parejas parecen olvidarlo: La educación de los hijos es la función más importante de los padres.

Es una obligación común (no sólo del papá o la mamá), es un trabajo de equipo, una labor armónica e irremplazable.

Ambos cónyuges deben unir sus esfuerzos, anhelos y capacidades por el bien de la familia.

¿Cuál es el camino?

Si las recetas no son iguales para todos...
Si la misión no se puede delegar a un tercero...
Si no se prepara a los papás de antemano...
Si lo que enseñan los propios padres no es suficiente...

Entonces ¿Qué hacer?

Se necesita querer

Se puede ser papá o mamá de manera biológica, casi hasta podría decirse que de manera accidental, pero el verdadero padre es el que quiere serlo, el que ha aceptado su condición, es decir, aquel que acepta a cada uno de los hijos con sus virtudes y defectos.

A veces, algunos padres dicen: "es muy fácil ser el papá de Pablito, ¡es muy obediente!. Pero Alfredo es tan porfiado, ¡no lo entiendo!".
Sin embargo, ese Alfredo es el que requiere de más comprensión, estímulo y ayuda.

Ser padre es cuestión de actitud

1) Los hijos son lo más importante, después del cónyuge.

Deben estar en el número uno en la lista de prioridades de los padres.

Ellos son más que el trabajo, los paseos, el descanso, el orden de la casa, etc.

2) Remueven la generosidad. Los hijos demandan mucho -o quizás- TODO de los padres.

A un bebé no se le puede decir, por ejemplo, "Oye gordito, hoy es domingo, es mi día de descanso, así es que hoy no cambio pañales".

Tampoco se le puede decir, al hijo adolescente que está encerrado en su mundo y actúa como si supiera todo y piensa que el mundo gira a su alrededor: "¿Sabes? Me aburrí de que no me hagas caso, allá tú y tu vida".

Así como existen estos ejemplos tan claros de necesidades básicas de nuestros hijos, ellos requieren de mucha más ayuda, entre otras:

Apoyo: sobre todo cuando se sienten inseguros del paso que darán, al cambiar de curso en el colegio, al ir a pedir trabajo por primera vez, cuando se enfrenten con problemas, etc.

Estímulo: aún cuando los papás lleguen cansados del trabajo, no pueden olvidar que son padres de tiempo completo.

Orientación: si no se la dan sus padres, ellos la recibirán de cualquier otra fuente, tal vez no muy recomendable, por ejemplo amigos igual de confundidos, revistas de dudosa tendencia o compañías no convenientes.

Firmeza: el padre débil, que al primer llanto o la primer protesta del hijo retrocede en sus decisiones, no sabe amar adecuadamente a su hijo.

Paciencia: Los hijos no son máquinas que se programan para que comporten de tal o cual manera, son personas con debilidades como cualquier otra.

Se les debe educar con paciencia, sin perder la esperanza de que algún día todo el esfuerzo invertido en ellos (sé responsable, cuida el orden...) dará sus frutos.

3) Es una labor que exige a los mismos papás, puesto que no bastan las palabras, los niños necesitan ver el ejemplo de sus padres.

Entonces, si se quiere a un niño respetuoso, ordenado, limpio, primero sus padres deben esforzarse por ser respetuosos, ordenados, limpios, en una palabra: congruentes.

4) Requiere del diálogo y constante disponibilidad. Si de por sí educar es difícil, lo será mucho más si no se conoce realmente a la persona que se pretende educar.

Es a través del diálogo y de "estar presentes" como se llega a conocer a cada uno de los hijos, pues no puede tratárseles a todos como si fueran iguales.

Muchos papás se excusan con ese famoso dicho: "más vale calidad que cantidad", pero, aunque cueste aceptarlo, debe haber un equilibrio entre estos dos factores ya que mientras más cantidad haya, será posible manejar más riqueza en la calidad.

5) Es una labor que requiere de humildad. Muchas veces, la actitud de los papás de saberlo todo, de poderlo todo, de tener siempre la razón, crea un abismo entre padre e hijo, pues se ve al papá como un ser superior, inalcanzable, estos padres suelen convertirse en seres autoritarios y arbitrarios.

Más humanos aparecen ante sus hijos, cuando aceptan sus errores, luchan por corregirlos y, sobre todo, cuando saben pedir disculpas.

Puede que sea fácil

Educar a los hijos, sólo para que sepan tolerar la vida, puede que sea fácil.

Pero educarlos para que sean personas íntegras, capaces de autorealizarse y de contribuir con la sociedad, sí que es una enorme tarea.

Como dice Gastón Courtois: "La tarea de la educación es delicada porque supone, a la vez, amor y desprendimiento, dulzura y firmeza, paciencia y decisión".

Autor: Por: María Eugenia Sada de Ganem
Desarrollo y Formación Familiar, A.C.

 


 

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Actualizado ( Jueves, 26 de Agosto de 2010 11:56 )  

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