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Seis Claves Para una Mejor Comunicación en el Matrimonio

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Seis Claves Para una Mejor Comunicación en el MatrimonioCuando te pido que me escuches y comienzas a darme consejos, no me estás dando lo que te pido»

«Cuando te pido que me escuches y comienzas a decirme que no tendría que sentirme así, estás ahogando mis sentimientos»

«Cuando te pido que me escuches y tú sientes que tienes que hacer algo por mí para solucionar mi problema, me fallas. Aunque te parezca extraño»

La comunicación es el vínculo entre todo lo creado: el puente que transporta ideas y mensajes a través de los ríos del silencio.

Cuando una pareja decide casarse aspira a ser feliz, a tener proyectos en común que suponen una convivencia y una comunicación permanente. La relación amorosa hace posible una comunicación de nivel profundo con el otro. El amor que cada uno se manifieste permite darse, entregarse y ser conocido por el otro. Cuando hay conocimiento y aceptación se llega a la comprensión mutua, que será la ayuda que les permita superar los altibajos que puedan darse en la afectividad de los cónyuges. No significa compartirlo todo sino lo que es común a ambos: aquel proyecto que reúne las necesidades, intereses, criterios y aspiraciones mutuas.

 

1º Clave para una Mejor Comunicación en el Matrimonio.

“Nuestro amor puede durar para siempre; será posible si así lo queremos los dos”

“TENER PROYECTOS EN COMÚN”

Es necesario tener una misma forma de concebir la relación, una misma aspiración hacia donde se quiera llegar, con las diferencias lógicas que existen entre dos personas distintas. Teniendo objetivos claros es más fácil caminar en la misma dirección, más aún si han sido ideados desde el noviazgo.

Tener un proyecto en común implica tener “cosas en común”: sentimientos, afectos, un hogar, hijos y una vida íntima. Conversar sobre estos temas permitirá a los esposos buscar momentos de encuentro para acercarse y evaluar si las cosas van saliendo como las planificaron. Modificando aquellas que no resultaron como lo esperado o que hayan debido adaptarse a las circunstancias de la vida.

Los valores compartidos y vividos en forma íntima y personal comprometerán al matrimonio y podrán superar con cierta facilidad las dificultades que se presenten por más ambicioso que sea el proyecto.

Partiendo de aquello que los ilusionaba cuando eran novios y poniendo la mirada en lo que aspiran alcanzar, hay un trayecto que tienen que recorrer, aferrándose de aquello que los une (más que en lo que los separa), disfrutando y pasándola bien, realizando actividades compartidas y creando buenos recuerdos.


2º Clave para una Mejor Comunicación en el Matrimonio.

“El que no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación”

“SABER ESCUCHAR”

Saber escuchar es comprender lo que el otro dice. Recibir el mensaje más allá de las palabras. La base de la escucha es enfocarse en la empatía: ese deseo profundo y sincero de querer entender al otro tanto intelectual como emocionalmente.

Escuchar para contestar es enfocarse en lo que uno quiere decir, sin comprender realmente lo que el otro quiere transmitir. De esta manera estaremos evaluando, aconsejando, aprobando desde nuestro punto de vista, pero no escuchando.

En la relación matrimonial por ser una relación unida en el amor, no podemos limitarla a la negociación sino que implica y compromete a la búsqueda de lo que es bueno para el otro. Una perfecta combinación de confianza y cooperación.

No hay que confundir empatía con simpatía porque se pierde la visión objetiva, despojada de sentimientos personales.

El núcleo de la empatía es entender como el cónyuge ve la situación, como se siente, buscando la esencia de lo que trata de decir. No es imitar, ni resumir, ni ser un espejo de lo que nos está transmitiendo.

Escuchar empáticamente exige muchas veces escuchar en silencio, dando signos concretos: mirada atenta, gestos y postura corporal.

 

3º Clave para una Mejor Comunicación en el Matrimonio.

“El oficio de pelearse y la maestría de hacer las paces”

“SABER PERDONAR”

A todos nos educaron en el concepto de que cuando se ha actuado mal, hay que disculparse y hacerse responsable del error, sin embargo, en la vida diaria, es más fácil “de decir que de hacer”. El proceso de pedir, aceptar o rechazar disculpas no es un acto mágico ni espontáneo. Un enojo oculto podría erosionar nuestra relación afectiva. Por eso más allá de lo que indique la formalidad, solamente este proceso será efectivo y duradero cuando es profundamente sincero y no como una simple apariencia de “que ya está todo bien”.

Como el amor es un don, el perdón también lo es. No se ama al otro por su imagen perfecta o su conducta intachable, se ama a pesar de todo ello. Lo mismo ocurre con el perdón: se perdona a pesar de su imperfección. Si se condicionara el amor o el perdón no sería verdadero.

A perdonar y a pedir perdón se aprende porque cuesta esfuerzo, implica enfrentar el dolor causado, reconocer las heridas, valorar lo que se ha perdido y aceptar o donar el perdón al otro.


4º Clave para una Mejor Comunicación en el Matrimonio.

“Comenzar y recomenzar con ilusión nueva”

“RESOLVER LOS CONFLICTOS”

No es la pobreza o la enfermedad la causa principal de conflictos dentro de la pareja, sino que lo son las dificultades en la comunicación. El diálogo permite a los esposos conocerse bien y aceptarse como son. Aceptarse no es cerrar los ojos a la realidad, ni negarla, sino que significa comprenderse y dar el tiempo necesario para allanar diferencias. El diálogo sirve para comunicarse y no para humillar o avergonzar. Disipa dudas, repara heridas, aclara situaciones confusas y permite evitar crisis dolorosas encontrando entre ambos la solución apropiada.

Dialogar significa manifestar sentimientos e ideas, pero también reflexiones diferentes que pese a las discrepancias permita hallar juntos una mejor respuesta para rediseñar un mejor proyecto.

Cuando las parejas no están de acuerdo, sus diferencias pueden transformarse en discusiones. En la mayoría de los casos se comienza discutiendo por algo e inmediatamente agudiza la situación la forma en que se lo hace. Porque a mayor intimidad en la relación, es más difícil escuchar objetivamente su punto de vista, sin tener una reacción afectiva.

Si bien la comunicación es el elemento más constructivo de la relación conyugal, las discusiones podrían ser el elemento más destructivo. Una discusión no tendría porque lastimar. Se puede ser abierto, sincero y expresar sentimientos negativos sin agredir ni pelear. En realidad no es lo que se dice lo que lastima sino cómo se lo dice.

Aún cuando se puede persistir obstinadamente en una discusión, la única salida sería ampliar el punto de vista de uno a fin de integrar el punto de vista del otro, buscando ponerse de acuerdo.

Se pueden tomar distintas posturas ante los conflictos. El cónyuge se puede sentir ofendido o lastimado. El que está lastimado se encuentra abierto a la reparación, mientras que el ofendido elige actuar desde la herida abierta: contestando igual, quejándose a los otros o juzgando al que cometió la ofensa.


5º Clave para una Mejor Comunicación en el Matrimonio.

“Complementarse tomando lo positivo de cada uno”

“ENRIQUECERSE A PARTIR DE LAS DIFERENCIAS”

Muchas veces ocurre que los conflictos más importantes se dan porque se desconocen las diferencias que existen entre el hombre y la mujer. La consecuencia de dicho desconocimiento es la falta de comprensión, ya que cada uno pretende que el otro reaccione según su sentir o pensar.

Cuando se aceptan las diferencias es posible no solo evitar discusiones inútiles sino también darle al otro todo aquello que necesita apoyándose en una mejor comunicación.

Las diferencias entre ambos sexos no son sólo físicas, aunque éstas sean las más evidentes. El cuerpo del hombre posee una fuerza mayor que lo hace sentir “protector”.

Como posee una sobrecarga de vitalidad necesita desplegar más energía, lo que lo lleva a realizar deportes u otras destrezas que requieran esfuerzo físico.

La mujer, en cambio, es delicada en lo corporal y en lo psíquico, lo que refleja variaciones de humor, a veces en un mismo día.

Otras características propias de la mujer son: la intuición que la lleva a pensar, reflexionar y razonar con el corazón, evaluando cada acto en relación con las circunstancias. Por su sensibilidad necesita ser comprendida, le gusta que su marido “adivine lo que le ocurre o lo que piensa” y se siente mortificada si ocurre lo contrario. Rinde culto a los detalles, para ella nada es superfluo, todo es importante. Su fértil imaginación es uno de los mayores peligros que la distancian de la realidad, ya que al ser fantasiosa puede perder objetividad en cuanto a hechos o cosas se refiere.

El razonamiento del hombre, es bien diferente, se preocupa más por la síntesis que por el análisis y deja de lado la sensibilidad por sobre el poder, la eficacia y la búsqueda por alcanzar objetivos. Si bien no es desapegado ni indiferente, es ciego para los pequeños detalles que tanto agradan a la mujer. Y su imaginación es una de sus potencias más perezosas.

Dadas estas características es normal pensar que resolverán problemas, enfrentarán el estrés o se comunicarán de forma diferente. Hemos visto que sus necesidades y motivaciones son distintas, pero debe verse en ellas una forma de complementarse y afianzarse, con humor, optimismo, alegría y paciencia, sino la vida sería muy aburrida.

 

6º Clave para una Mejor Comunicación en el Matrimonio.

“Los dos necesitamos estar más tranquilos para conversar”

“CREAR UN ESPACIO PARA COMPARTIR JUNTOS”

La vida cotidiana nos abruma con su ritmo desenfrenado, corridas, idas y venidas, situaciones de estrés que agobian y alteran los nervios. Problemas que hay que resolver con urgencia y no permiten encontrar paz ni en el hogar ni en el trabajo.

En estas condiciones es imposible establecer un diálogo constructivo entre los esposos. Por eso es importante saber crear espacios de intimidad y tranquilidad en donde cada uno pueda manifestarse y dedicarse al otro.

Buscar un tiempo especial para disfrutar de la compañía del otro, con alegría, buen humor, restando dramatismo a las vicisitudes que acompañan el día a día. Utilizar la imaginación para crear situaciones nuevas de encuentro, así la rutina no empañará el deseo de comunicarse, acercarse, tender al otro para hacer más feliz la vida en común.

Finalmente tener en cuenta que sobre la base de una comunicación afectiva, se edifica la armoniosa convivencia matrimonial. Es “el querer y el sentirse querido”, sea en forma del enamoramiento apasionado de los años jóvenes, del cariño tranquilo de la madurez de la vida, o en la serenidad y comprensión amorosa del atardecer. Cuando los valores del cónyuge, una vida compartida, las comunes vivencias del día a día (hogar, hijos, acontecimientos felices o adversos) habrán ido transformando la pasión de los primeros tiempos en un amor profundo que se vive y respira, aunque no siempre se exprese en palabras.

Autor: Cristina Arruti de Alais, M. Dolores Dimier de Vicente

 

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Actualizado ( Lunes, 28 de Diciembre de 2009 16:16 )  

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