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Educación de la Voluntad

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La Educación de la VoluntadLos principales elementos para educar la voluntad son: la motivación, de donde surge toda la disposición para el esfuerzo; el orden, la constancia y una mezcla de alegría e ilusión.

Quien tiene una buena educación de la voluntad es porque ha trabajado a fondo en el orden y la constancia, y ha sido  capaz de ir dando pequeños pasos hacia delante, venciendo en unos, y en otros siendo vencidos.

Los principales efectos del orden se resumen en: paz  exterior e interior, alegría, eficacia, cuidado de los detalles pequeños dentro de las ocupaciones que uno tiene entre manos y si es vivido con un sentido profundo, basado en el servicio a los demás y en la lucha por mejorar, conduce a que la persona sea más libre y responsable.

 

  • Educar es ayudar alguien para que se desarrolle de la mejor manera posible  en los diversos aspectos que tiene la naturaleza humana.
  • Educar significa  comunicar conocimientos  y promover actitudes, acompañar la información de orientación que es la formación. Información y formación constituyen  un binomio clave en toda educación. La primera abre la puerta, y la segunda nos instala en el proceso educativo. El aprendizaje de una materia concreta puede lograrlo muchas personas, pero el maestro debe también enseñar a vivir, ayudar a conocer la realidad personal  y circunstancial en su riqueza y profundidad. De este modo emergen los valores.
  • Educar es mostrar una cierta doctrina, es perfeccionar ciertas facultades, mediante motivaciones, ejercicios específicos, ejemplos, etc.
  • Toda educación conduce  a la formación de un ser humano más completo, coherente y maduro.
  • La mejor educación debe  ayudar a la mejor formulación y desarrollo de nuestro proyecto personal, pretende construir la felicidad, pero sin olvidar que no hay felicidad sin sacrificio y renuncias.
  • Educar a una persona es entusiasmarla con los valores, es convertir a alguien  en una persona más libre e independiente. Toda educación humaniza y llena de amor.

La felicidad consiste en tener un proyecto de vida coherente y realista que nos impulsa con ilusión hacia el futuro.

Los resortes principales que permiten alcanzar los objetivos propuestos se inspiran en la motivación y en el esfuerzo.

Es esencial la tarea del educador. Se educa más por lo que se es, que por lo que se dice. Las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra.

Es tarea del educador  descifrar a cada individuo y cuidarlo para que dé lo mejor de sí mismo.

No hay voluntad  sino hay conocimiento de la meta. No se puede amar lo que no se conoce.

Toda educación es una labor de orfebrería. Se trata de una operación progresiva  y lenta que necesita  tiempo para ir asimilando  lo que le llega, un proceso gradual y ascendente, integral y unitario, que abarca todo lo que puede conducir  a la realización más completa de la persona, según sean sus facultades (físicas, intelectuales, afectivas y de la voluntad) y circunstancias individuales (familiares, de residencia, etc.).


El tema de la voluntad afecta a todos de forma directa.

  • La educación de la voluntad está compuesta de pequeños vencimientos. Hay que empezar siempre por tareas pequeñas  e insistir una y otra vez en ellas, sin desalentarse.
  • Lo primero que se necesita  es ser capaces de renunciar a la satisfacción que nos produce lo urgente, lo que pide paso sin más. Lo inmediato puede superarse y rebasarse cuando existen otros planes, a los que nos hemos adherido  y que han sido incluidos dentro de nuestro proyecto de vida, el cual no se improvisa, sino que se diseña.
  • Quien tiene educada la voluntad es más libre y puede llevar su vida hacia donde quiera.
  • La aspiración final de la voluntad  es perfeccionar, aunque teniendo en cuenta que somos perfectibles y defectibles.  Si hay lucha y esfuerzo, se puede ir hacia lo mejor; si hay dejadez, desidia, abandono y poco espíritu de combate, todo se va deslizando hacia una versión pobre, carente de espiraciones, de forma que surge lo peor de uno mismo.

Si el amor y la razón son dos grandes argumentos de la vida  del hombre, la voluntad es el puente entre ellos.

El hombre con voluntad llega en la vida más lejos que el inteligente.

Enseñar una disciplina  conlleva una mezcla de autoridad y cariño, porque la severidad por sí misma no es estimulante, al contrario, produce unos efectos de impotencia ante la tarea que se tenga delante.

La educación de la voluntad debe estar edificada  sobre la alegría, que nos conducirá poco a poco a ser mejores.

La voluntad conduce al más alto grado de progreso personal, cuando se ha obtenido el hábito de hacer, no lo que sugiere el deseo, sino lo que es mejor, lo más conveniente, aunque, de entrada, sea costoso.

Los perdedores y los triunfadores no se hacen de un día para  otro.

La voluntad debe ser educada desde la niñez. La vida cotidiana es el campo donde debemos luchar, con el tiempo esa voluntad escasamente formada dejará su rastro en: la propia personalidad, el amor conyugal, la vida profesional y en la cultura.

Aprender a vivir significa  tener capacidad de superar las adversidades que la vida impone a su paso, con estímulo y aliento para lograrlo.

Vamos contracorriente. Vivimos una época de permisividad, en la que todo vale, cualquier comportamiento se puede dar por bueno, con tal de que a uno le parezca bien o le apetezca. Permisividad y subjetivismo forman un binomio estrechamente entrelazado y conduce al relativismo, tratando de encontrar la verdad a través de nuestros deseos  y puntos de vista. La palabra virtud ha caído en desuso.

La educación, en la lucha  por  fortalecer la voluntad, debe ser integral, debe abarcar los aspectos: físico, psicológico, afectivo, intelectual, social, espiritual y cultural.

 

 

 

Fuente: Extracto resumen basado en el Libro "La Conquista de la Voluntad" de Enrique Rojas.

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busy
Actualizado ( Martes, 28 de Octubre de 2008 16:29 )  

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